30segundossobreTokyo escribió:
De las cosas de más calidad que he visto en los últimos días (KISEKI y MARTA MARCY MAY MARLENE), les paso el testigo al Chanclas y al Disperso. Eso sí, no puedo por más que decir que la nipona es muuuuuuuuuuuuuuuuuy potiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiita. Es un cruce entre Ozu y Shin Chan aunque, si lo pensamos bien, quizás esta conocida serie de animación tiene muchos elementos del cine de Ozu. Pero bueno, no se la pierdan.
homens, Ozu, Ozu...nivel básico! Mis impresiones:
Lo peor que puede pasar con
“Kiseki (Milagro)” es toparse antes con su tráiler (lo dejo aquí, pero no entréis!
http://www.youtube.com/watch?v=fKnMOd7KRuA ), un compendio no apto para diabéticos de imágenes -por capricho del montaje- cursis y lacrimógenas de la película acompañadas por uno de los temas de pop-rock japonés que suenan en ella, y que invitaría, si dicha prenda de ropa aún estuviera tan en boga, a calarse la gabardina hasta las cejas al pasar por delante de cualquiera de las salas de cine donde la proyecten. Cosa que no quita que estemos ante un film menor de
Hirokazu Kore-eda (no tanto como su anterior “Air Doll”(2009)), pero, desde luego, bastante más simpático y tierno de lo que da a entender dicho avance.
Y eso que, efectivamente, el subgénero dramático sobre familias desestructuradas es todo un ‘campo de minas’ cinematográfico, pero el cineasta nipón es tipo de fiar, y la ausencia que, esta vez, ha dejado el ingenio narrativo, no ha sido suplantada por excesos emocionales (que serían aún más bochornosos contextualizados en una sociedad, según nos venden, tan comedida y cabal como la japonesa), si bien la nostalgia se respira constantemente en los recuerdos e intervenciones de sus personajes secundarios adultos (los abuelos maternos, la enfermera de la escuela, y algún otro que no conviene desvelar).
La palabra que, para bien y para mal, define a esta película es: correcta. Correcta en su manera de plasmar la dicotomía entre cada miembro de la pareja y su influjo sobre el respectivo hijo al que cuidan, separados, dos y dos, por kilómetros de distancia (y siendo padre -el único personaje que se mantiene invariable a lo largo del film, casi siempre en su mundo propio musical- e hijo menor -he ahí el detalle de que sus amigos le escriban frases emotivas para cuando hable con su hermano- los más independientes, mientras la madre y el hijo mayor -fantástica la escena en que se da cuenta de las consecuencias de contarle a su hermano lo que su madre pensaba de él y su padre- aún no han logrado afrontar su nueva situación -ay, ese volcán-), así como en el humor bonachón que serpentea por toda la historia, pero sólo correcta, sin pasar de lo básico, debido a un guión con muchas menos dobles lecturas y detalles cruciales y latentes que los de su igualmente familiar pero excelente “Still walking”(2008), y unas subtramas (la de la niña actriz, o la del niño con el perro) flojas, testimoniales.
El nivel medio sube enteros en su tramo final, cuando la infancia se apodera de la pantalla, y ésta proyecta frescura, imprevisibilidad, y algún que otro momento álgido -el sereno anticlímax del cruce-. que siempre es mejor que quedarse en el rellano de la sabiduría vital. Como el punto de partida del hijo mayor, en gran parte motivador del título original, “I wish” (
“sueño con”, “me gustaría”), cuando “Kiseki (Milagro)” termina, sólo nos queda, además del buen rato pasado, el consuelo de fantasear con lo que podría haber sido. Y, quién sabe, mejorarla en un
‘remake’ hispano.
