Sí, de Villeneuve bastante mejor "Polytechnique". "Incendies" valía la pena al principio, pero era una rizada de rizo argumental muy tremendista y cargatintas.
volviendo a la de Donzelli, va la reseña:
Si algo se había mencionado y repetido sobre
“Declaración de guerra” es que pretendía dar un enfoque menos pomposo al, digamos, género de ‘película con enfermo grave’, y uno podía no tenerlas todas consigo mismo ante tal declaración de intenciones, porque evitar la truculencia gratuita y el tremendismo regodeante estilo González-Iñárritu podía suponer ir al otro extremo, caer en la trivialización del asunto. Pero en medio (y en otra galaxia, a la vez) de ambos extremos es donde se sitúa la película, como una de esas raras ocasiones en las que el equilibrio es casi posible (no negaré que tiende algo hacia la ligereza), porque en la vida hay situaciones terribles, sí, pero, ni que sea por instinto de supervivencia, nuestro cerebro es capaz de encontrar el humor y/o el absurdo de cualquier experiencia personal (o acudir a ellos ante lo que no se puede controlar: la primera pediatra) para poder tirar adelante.
Sin embargo, la historia de este niño de dos años que tiene un tumor cerebral no deja de ser un
mcguffin para realizar una observación sobre el amor y sus pruebas de fuego, sobre estos jóvenes Romeo y Julieta (otra feliz decisión de
Valérie Donzelli, directora y coguionista, es la juguetona y nada pretenciosa simbología de los nombres, con ese primer hijo llamado Adam, o ese cirujano que no se llama Dios, pero lo sienten como tal) que ven cómo un imprevisto y rotundo cambio de planes altera su tranquila vida de pareja, y es en la plasmación del ritmo y la manera que cada uno tendrá para lograr adaptarse y asumir esta nueva realidad donde la película retará al espectador (los momentos de ocio con los amigos; las cábalas que hacen los padres en el hospital) para no contaminar una honestidad inaudita en este tipo de cintas.
Aunque si el film acaba siendo singular y personal es por su valentía formal y narrativa, por confiar Donzelli en su intuición y atreverse a introducir salidas de tono más (esas deliberadamente histéricas y casi paródicas escenas al descubrir y anunciar la enfermedad del niño, que, por extremas, resaltan más su insostenibilidad en el tiempo; la ‘voz en off’ narrativa) o menos (el momento musical; las apariciones con los chasquidos de dedos; la ‘voz en off’ descriptiva) afortunadas que le dan a la cinta vivacidad, frescura, y espontaneidad sin dejar maltrecho su rigor, ni renunciar a lo emotivo (el padre y la canción con guitarra de la fiesta; el último tramo del film).
Lo llaman fe en uno mismo, y la de esta directora ha dado como fruto esta espléndida e imprescindible película.
